Los libros son como las hogueras que empujan la noche hacia el bosque

Corazón y fin del mundo es una antología que reúne 10 cuentos del autor Francisco Cascallares: una colección ecléctica y llena de matices, que contiene piezas breves y relatos extensos, historias realistas y otras donde la atmósfera se enrarece, registros poéticos y realistas, ejercicios experimentales. En un registro argumental donde lo que a primera vista identificamos es una mirada sobre las personas y los vínculos, cómo emerge el encuentro entre las personas pero también cómo se destruye o llega a su ocaso, podemos reconocer, al entrar en la lectura más profunda, cuáles son las condiciones materiales o psíquicas que condicionan y acompañan esos encuentros pero también su espacio negativo, la soledad y las rupturas. Los relatos nos sumergen en los objetos donde tienen su anclaje nuestras historias y en la forma en que estos nos determinan, nos muestran las pasiones y la forma en que pueden vivirse de manera virtuosa o autodestructiva. Un cuadro (“Playón de estacionamiento (vacío)”) o un videojuego (“Demolición”), una bañera y una ducha compartida (“Demolición”) pueden ser catalizadores de un amor, pero las cosas también pueden ser la representación de los fragmentos en que una relación llega a su fin (“Objetos perdidos”); una bala, con toda la información que se puede elaborar a su alrededor, contiene en su pequeñez la muerte (“Variaciones de balística”); una laptop atravesando un ventanal y girando en caída libre por el aire puede hablarnos de una pasión tan grande que no puede contenerse en los límites de un cuerpo (“Corazón y fin del mundo”) y el paso de las horas al compás de los pequeños rituales de los hijos y las minucias de la vida doméstica nos avisan que el amor es de alguna manera un velo que nos distrae de la muerte (“Pausa en el centro del corazón del tiempo”).

Hay también relatos un tanto experimentales que desafían al lector a realizar su propio devenir por la historia (“Relato variable”), pequeñas prosas de pulso poético, relatos donde la microdescripción de una boca nos habla del amor (“Viaje al centro del corazón del tiempo”) o cuentos donde la acción abandona el realismo para entrar en un mundo raro, nuevos espacios de distraerse con un libro o encontrarse entre bandadas de pájaros y rocas flotantes (“La tarde de los pájaros”)


Contratapa por Mariana Travacio


¿Cómo percibimos el paso del tiempo? ¿Cómo lo contamos? ¿Y cuánto dura el amor?

En Corazón y fin del mundo, Francisco Cascallares se abisma en el tiempo y en el amor y lo hace como nos tiene acostumbrados: desde el deleite de la prosa y un manejo del tiempo que es magia pura.

El libro abre con una despedida amorosa, en un bar, él y ella detenidos en el gesto mínimo: el sonido de un libro arrastrado sobre una mesa rugosa de madera, toda la ternura del mundo en “ese café, ese mañana, ese invierno”. Y así vamos dejándonos llevar por la cadencia de los textos que arman este universo. Un músico arroja su laptop por la ventana y cierra, en ese acto, toda una etapa de su vida. Un hombre se reencuentra con una compañera de secundaria que ahora se dedica a demoler edificios. Un padre se demora y se demora en llevar a sus hijos al colegio mientras todo está a punto de pasar. Un auto solitario en un cuadro solitario encierra una época entera para dos personas. De esta manera, pregunta a pregunta, vamos adentrándonos cada vez más en la percepción de los vínculos y de sus fronteras, en el vértigo del colapso inminente y en la búsqueda de un nuevo equilibrio que nunca llega. Los diez cuentos de este volumen no están sueltos: componen un cuidadoso sistema, perfectamente hilvanado, que deja en evidencia nuestros miedos y toda la precariedad sobre la que nos sostenemos. La sensación de que todo está por estallar a la vuelta de la página no es otra cosa que la conciencia absoluta del endeble equilibrio en el que erigimos nuestros andamiajes.

Cascallares parece haber venido a escribir este libro para demostrarnos que el tiempo se puede deshacer, descomponer y rearticular en pequeñas partículas que nos obligan a mirar.”



Corazón y fin del mundo (Francisco Cascallares)

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Corazón y fin del mundo es una antología que reúne 10 cuentos del autor Francisco Cascallares: una colección ecléctica y llena de matices, que contiene piezas breves y relatos extensos, historias realistas y otras donde la atmósfera se enrarece, registros poéticos y realistas, ejercicios experimentales. En un registro argumental donde lo que a primera vista identificamos es una mirada sobre las personas y los vínculos, cómo emerge el encuentro entre las personas pero también cómo se destruye o llega a su ocaso, podemos reconocer, al entrar en la lectura más profunda, cuáles son las condiciones materiales o psíquicas que condicionan y acompañan esos encuentros pero también su espacio negativo, la soledad y las rupturas. Los relatos nos sumergen en los objetos donde tienen su anclaje nuestras historias y en la forma en que estos nos determinan, nos muestran las pasiones y la forma en que pueden vivirse de manera virtuosa o autodestructiva. Un cuadro (“Playón de estacionamiento (vacío)”) o un videojuego (“Demolición”), una bañera y una ducha compartida (“Demolición”) pueden ser catalizadores de un amor, pero las cosas también pueden ser la representación de los fragmentos en que una relación llega a su fin (“Objetos perdidos”); una bala, con toda la información que se puede elaborar a su alrededor, contiene en su pequeñez la muerte (“Variaciones de balística”); una laptop atravesando un ventanal y girando en caída libre por el aire puede hablarnos de una pasión tan grande que no puede contenerse en los límites de un cuerpo (“Corazón y fin del mundo”) y el paso de las horas al compás de los pequeños rituales de los hijos y las minucias de la vida doméstica nos avisan que el amor es de alguna manera un velo que nos distrae de la muerte (“Pausa en el centro del corazón del tiempo”).

Hay también relatos un tanto experimentales que desafían al lector a realizar su propio devenir por la historia (“Relato variable”), pequeñas prosas de pulso poético, relatos donde la microdescripción de una boca nos habla del amor (“Viaje al centro del corazón del tiempo”) o cuentos donde la acción abandona el realismo para entrar en un mundo raro, nuevos espacios de distraerse con un libro o encontrarse entre bandadas de pájaros y rocas flotantes (“La tarde de los pájaros”)


Contratapa por Mariana Travacio


¿Cómo percibimos el paso del tiempo? ¿Cómo lo contamos? ¿Y cuánto dura el amor?

En Corazón y fin del mundo, Francisco Cascallares se abisma en el tiempo y en el amor y lo hace como nos tiene acostumbrados: desde el deleite de la prosa y un manejo del tiempo que es magia pura.

El libro abre con una despedida amorosa, en un bar, él y ella detenidos en el gesto mínimo: el sonido de un libro arrastrado sobre una mesa rugosa de madera, toda la ternura del mundo en “ese café, ese mañana, ese invierno”. Y así vamos dejándonos llevar por la cadencia de los textos que arman este universo. Un músico arroja su laptop por la ventana y cierra, en ese acto, toda una etapa de su vida. Un hombre se reencuentra con una compañera de secundaria que ahora se dedica a demoler edificios. Un padre se demora y se demora en llevar a sus hijos al colegio mientras todo está a punto de pasar. Un auto solitario en un cuadro solitario encierra una época entera para dos personas. De esta manera, pregunta a pregunta, vamos adentrándonos cada vez más en la percepción de los vínculos y de sus fronteras, en el vértigo del colapso inminente y en la búsqueda de un nuevo equilibrio que nunca llega. Los diez cuentos de este volumen no están sueltos: componen un cuidadoso sistema, perfectamente hilvanado, que deja en evidencia nuestros miedos y toda la precariedad sobre la que nos sostenemos. La sensación de que todo está por estallar a la vuelta de la página no es otra cosa que la conciencia absoluta del endeble equilibrio en el que erigimos nuestros andamiajes.

Cascallares parece haber venido a escribir este libro para demostrarnos que el tiempo se puede deshacer, descomponer y rearticular en pequeñas partículas que nos obligan a mirar.”



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